Angeles y Demonios usan Facebook

¿Se puede demonizar a Facebook? No sería una buena opción. Como cualquier herramienta, es el uso que uno le da lo que lo convierte en algo positivo o negativo, siempre según la visión subjetiva de cada individuo. Una periodista española, Raquel Andrés, ha escrito un libro llamado ‘Los ángeles no tienen Facebook‘, donde critica per se a la red social más exitosa, dejando ver su costado negativo e indagando en sus aspectos comerciales. Como toda opinión, es subjetiva y las reacciones a su postura han sido diversas.

En lo que sí ha dado en la tecla Raquel es en el uso que la mayoría de los usuarios le da: ella habla de exhibicionismo y de que las personas están usando las redes sociales como viaducto para exponer los pensamientos que no son escuchados. “A todos nos gusta hablar de nosotros mismos y en esta sociedad actual, que todo va muy rápido, la gente no se para a escucharnos. La gente oye mucho ruido pero muy pocos se paran a escuchar lo que estamos diciendo“. Por eso, dice que ve a Facebook como un circo exhibicionista de las relaciones sociales “donde la gente necesita que los demás sepan con quién hablas, qué haces, cómo vistes, cómo eres… “. Y en general esto es cierto, aunque puede sostenerse como contrapartida que cada usuario ya lo usa como bitácora personal y que ahí dentro caben múltiples contenidos.

Otro de los cuestionamientos de la autora es remarcar el ego existente imperante, donde “importo yo más que el resto, es un “yo” constante“. Por eso, la cantidad de ‘amigos’ se pone bajo la lupa: “Estamos en una sociedad acumulativa, de tener más. Y eso supone tener más amigos y acumular cuantas más intimidades mejor“. Si le buscamos la vuelta, vamos a encontrar usos perjudiciales y otros más útiles. ¿Cuáles serían los negativos? Por un lado, el tiempo (perdido) que se pasa en la red en detrimento de otras opciones más productivas; por el otro, los rastros que se pueden dejar, aun queriendo salir, ya que la huella digital es casi imposible de borrar. El aislamiento, o creer que el (o nuestro) mundo pasa dentro de Facebook y que no tener una cuenta implica estar fuera del sistema, conlleva a una adicción a estas herramientas digitales, muchas veces promovida por el entorno.

Lógico, hay muchas cosas positivas, como (re) encontrar gente con la cual ya no teníamos contacto (algo que marcó el origen de Facebook); la posibilidad de hallar un empleo, de promocionar una marca, de vender productos, de ofrecer servicios, propiciar debates, intercambiar opiniones y pareceres, etc. Mientras, el carácter de Facebook como laboratorio de extensas bases de datos y su relación con poderes de inteligencia, es más (hasta el momento) una leyenda urbana digital que algo concreto.

Otro de los puntos donde se concuerda con la periodista es en su visión sedentaria de la red social, cuando opina que “es más útil salir a la calle y manifestarse que no hacerlo a través de Facebook“. Ella habla de la revolución de las redes sociales como ‘la revolución desde el sofá’. “Estoy con el refresco en el sofá, escribiendo unas líneas y cambiando el mundo“. Está claro que las últimas revueltas sociales en países como Egipto o Gran Bretaña no fueron propiciadas desde Facebook o Twitter, sino que se usaron estas herramientas sólo para organizarse entre pares. El escritor español Arturo Pérez Reverte considera que las redes sociales no son algo nuevo, aunque sí la utilización de las nuevas tecnologías para que sean más efectivas y eliminen las distancias. En su opinión, los tercios de Flandes o cualquier otro grupo que tuviera un enemigo común en territorio hostil ya constituían una red social porque usaban un lenguaje propio frente a un medio hostil.

No debemos olvidar que pertenecer a una red no implica que uno deba quedar atrapado. Una red social es una estructura compuesta por un grupos de personas, que están conectadas por uno o varios tipos de relaciones, tales como amistad, parentesco o intereses comunes. Es la comunicación social llevada a un mundo intrínseco, donde se sustituyen las relaciones personales de contacto cara a cara por las virtuales a través de un dispositivo tecnológico (PC, smartphone, etc). Y no hay un modo, no hay un punto exacto, donde podemos demonizar esta práctica: el demonio, si es que está, no deja de estar dentro de uno mismo. El resto, son sólo manipulaciones.

MySpace: el excesivo dinamismo de lo digital

Si fuera de lo digital las empresas tiene un determinado ciclo de vida, en Internet la velocidad es totalmente diferente. Una empresa como MySpace, hasta hace un par de años sindicada como una de las más importantes del mundo dentro del fenómeno de las redes sociales (e incluso antes que se inventara esta denominación), ahora casi podemos decir que se remató.

Se pagó un total de 35 millones de dólares por el sitio, en su mayoría a cargo de Specific Media. News Corp., ahora antiguo dueño de MySpace, pagó por el sitio hace unos seis años 580 millones de dólares. Durante los pasados 11 trimestres, News Corp. había acumulado pérdidas de unos 1.400 millones de dólares. Y para darnos una idea de lo ilógico e impensado que es el mundo digital, Rupert Murdoch, dueño de News Corp., creía que MySpace iba a lograr 1.000 millones de ingresos anuales.

¿Cuáles fueron las causas del descenso en popularidad y de fieles de MySpace? Muchos le echan la culpa a Facebook. MySpace comenzó como un fenómeno pensado para que el usuario tenga un sitio propio gratuito en la red y adaptable a su medida. Pronto, bandas y artistas musicales colgaban sus temas y los promocionaban en su espacio. El sitio llegó a tener 100 millones de usuarios en todo el mundo. (sólo en EEUU, tenía 90 millones de usuarios en 2004).

Luego, con el ascenso de Facebook, llegó el declive de MySpace. Se dice que Facebook es mucho más simple y atractiva de usar (lo cual es cierto) y que MySpace se llenó de publicidad basura que hacían pesado y poco atractivo al sitio (y algo engorrosa su interfaz). Ahora, sólo lo musical domina y ese tal vez sea su mayor atractivo: concentrarse sólo en ese nicho (aunque dicho sea de paso, las bandas tiene una presencia cada vez mayor en Facebook y no en MySpace).

¿Se muere? No creo. Esos 35 millones de dólares que se pagaron por el sitio deberían tratar de devolverle, a través de una estrategia de negocios precisa, algo de la popularidad pérdida. Lo que aquí está claro es que el mercado digital se mueve a un ritmo totalmente diferente a cualquier otro. Una empresa -es decir, una marca, un activo- que hasta hace 4 años años era una de las más codiciadas, populares y elegidas en el mundo, hoy trata de no desaparecer.

¿Cuándo veremos la muerte de Facebook o Twitter? Seguramente mucho antes de lo que imaginamos.

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