Redes sociales y políticos: nos engañan también ahí

Alicia encuesta 2En las redes sociales están casi todos, de eso no cabe duda. Y los políticos vieron su oportunidad para mostrarse más ‘humanos’ y comunicar al público sus pensamientos, logros e inquietudes a través de plataformas como Facebook o Twitter. Lógicamente, aparecen mucho más cuando están en campaña. Pero en realidad no son ellos, sino alguien ‘que se hace pasar por ellos’. ¿Un impostor? No. Un community manager, un asesor, un secretario o una agencia contratada para tal fin. Claro, los políticos no tienen tiempo de estar posteando todo el día y encargan ese trabajo, como sucede con muchos famosos como Rafael Nadal, David Bisbal o Alejandro Sanz, quienes cada uno de ellos cuenta con equipos de hasta cuatro personas en las redes sociales. “Les desarrollamos estrategias de comunicación porque los tratamos como a una marca más”, dicen en una de las agencias.

Volvamos al político: no es él, como no lo es Nadal ni Bisbal, aunque la cuenta lleve su nombre y diga que es la ‘oficial’. Entonces, ¿hasta qué punto es válida o ética esta práctica? La mayor parte de la gente, sobre todo en Twitter, cree que quien postea y escribe es el protagonista. Y no otro, porque en los post siempre se habla en primera persona (‘estoy con mi amigo X tomando sol’). El gran error surge cuando desde la cuenta oficial se habla en tercera persona (‘Fulanito ha presentado un proyecto para…’). El que escribió el post, se olvidó de percartarse que tiene que redactar como si fuese ‘Fulanito’.

En una red social, el público quiere interactuar con el político o funcionario, hacerle preguntas, reclamos o propuestas. Lógicamente, quien contestará -muy pocas veces, en realidad- es la persona que escribe en su nombre. Y si le responde en su nombre, es una respuesta falsa. Los políticos suelen utilizar las redes sociales como houseorgan, es decir, para publicitar y difundir sus logros. Y poco más. Es solamente un canal propagandístico y de social no tiene mucho, si es que la idea es interactuar con los demás.

Por eso, si un político no tiene ‘tiempo’ para manejar su propia cuenta, es mejor que no la tenga o que se sincere y se mencione que no la maneja él. Es contraproducente y más cuando el público se entera de que no está él detrás, a pesar de su nombre y su rostro sonriente en el perfil. ¿La solución? Simplemente mencionar que se trata de la cuenta oficial pero que es sólo una plataforma para comunicar hechos y acciones y no de interacción, aunque en realidad debería serlo por la naturaleza propia del medio.

Crowfunding: el micromecenazgo 2.0

Crowdfunding_Bible_top-615x310El concepto de crowfunding (financiacion masiva) cada vez está teniendo más auge y seguramente es uno de los logros más acabados de la web 2.0. Técnicamente es una variante del antiguo mecenazgo pero colectivo y menor, una cooperación destinada a otro que busca financiar su proyecto. También puede denominarse micromecenazgo y ser usado para muchos propósitos: financiación de películas, documentales, edición de libros o discos, campañas políticas, emprendimientos y un sinfín de etcéteras. Ahora, ¿por qué la gente colaboraría? Más que nada por altruismo y por creer que el proyecto merece la pena de ser apoyado. Aquí no hay ninguna segunda intención detrás. En general, la ayuda no es una inversión y sólo se limita a donaciones. Una de las cosas más interesantes es la recompensa a quien ayuda, que no será económica, sino más bien una ‘experiencia’, una mención o aparición agradeciendo cuando el proyecto se concrete, o en el caso de que sea así, un envío físico y personalizado del producto.

Una de las plataformas más logradas en habla hispana para el crowfunding es Ideame, un espacio donde un montón de creadores presentan ideas que necesitan financiamiento. “Entre todos, generamos impacto social, educativo y económico en América Latina“, dice el slogan de esta compañía lider en su área. Ideame en sí es un marketplace, un lugar donde conviven la oferta y la demanda, ya que coexisten los interesados en ofertar (empresas o individuos) y aquellos que desde el lado de la demanda son filántropos o apasionados por las industrias creativas con interés para apoyarlas. Aquí un video sobre cómo se gestó Ideame.

Que es Ideame from Ideame on Vimeo.

Uno de mis bandas preferidas es Marillion, grupo de rock sinfónico británico que convirtió su web en un verdadero supermercado digital. Cuando el concepto de crowfunding era desconocido, y al no poseer el dinero para realizar una gira por Estados Unidos, a la banda se le ocurrió en 1997 realizar una campaña para juntar fondos de los fans para hacer esta gira. Luego del éxito de la propuesta, hicieron varios discos de esta forma: antes de grabarlo, pedían aportes a sus seguidores para poder entrar al estudio y editarlo. A cambio, todos aquellos que participaron eran incluidos en el librito interno del CD en los agradecimientos.

En mi caso, he publicado un proyecto en Ideame sobre la revista que edito, Nuez Moscada, para financiar la tirada de los próximos números. Se puede de ver aquí la propuesta. Quienes aportan, pueden hacerlo a través de MercadoPago o Paypal, pero la contra es que con Paypal lo recaudado se tomará “como intenciones de pago” hasta que el proyecto alcance el 100% del pedido. Por lo tanto, si no estás en Argentina y te interesa aportar a través de Paypal (en Argentina hay restricciones para hacer transacciones entre cuentas de Paypal del mismo país), te dejo el link directo para hacer tu aporte.

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Entrevistas imaginarias y el fin del periodismo

entrevistaFueron muchos los que tildaron a la ‘entrevista imaginaria‘ de la revista Diez Minutos con la princesa Letizia Ortíz como el fin del periodismo, sutilmente una forma de mencionar lo bajo que puede caer una publicación cuando no tiene material interesante para ofrecer a los lectores. Porque de inventar una noticia -el antiperiodismo más absoluto- a inventar una entrevista no hay mayores diferencias. En mayo de este año, la revista española Diez Minutos en su portada escribió: “Entrevista imaginaria: recreamos con datos contrastados y testimonios fiables la conversación que podría haber tenido Letizia con nuestra revista”. Luego, agrega: “sabemos tanto de ella a través de terceros, medios de comunicación y testimonios directos que nos atrevemos a suponer lo que nos contestaría si tuviéramos un café (para ella té) y una grabadora delante“. Es decir, una ridiculez enorme.

En Nuez Moscada -revista que dirijo desde hace casi un año- habíamos pensado en hacer una entrevista imaginaria con un personaje un tanto más relevante: Jesucristo. La idea era que un experto en teología pudiera responder como si fuese el propio Jesús en la actualidad a las preguntas que teníamos en mente (su opinión sobre la Iglesia Católica, el uso y abuso de su nombre, etc). Finalmente no se dio, pero era un ejercicio interesante de creatividad con un personaje que marcó a fondo la historia de la humanidad, algo bien distinto al bochorno de la revista española.

Ahora, se supo que una Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del periodismo española estudiará a fondo la conversación ficticia a la princesa de Asturias. Este organismo que vela por la ética profesional ha recibido una solicitud del Colegio de Periodistas de Murcia para que emita un informe-resolución sobre la polémica entrevista. Considera que contenidos de este tipo son un “descrédito” para el periodismo y vulneran “los principios generales de la deontología profesional”.

El código deontológico del periodista es un documento que recopila los fundamentos generales que regulan el comportamiento de los informadores y los más puntos más salientes son:
-El respeto a la verdad.
-Estar abierto a la investigación de los hechos.
-Perseguir la objetividad aunque se sepa inaccesible.
-Contrastar los datos con cuantas fuentes periodísticas sean precisas.
-Diferenciar con claridad entre información y opinión.
-Enfrentar, cuando existan, las versiones sobre un hecho.
-Respeto a la presunción de inocencia.
-Rectificación de las informaciones erróneas.

Diez Minutos cometió aquí muchos atentados contra este código, sobre todo el respeto a la verdad. Lo de Diez Minutos no es el #findelperiodismo, pero está muy cerca de serlo. En una actualidad dura y crítica para los medios impresos, con importantes pérdidas de lectores, y donde el valor del contenido debería ser lo primordial para una publicación en papel, quizás esto es lo más bajo a lo que se podría haber caído. Que no se repita.

Cómo financiar un medio en la locura digital

nuezEstuve ausente unos meses del blog por un serie de cuestiones relacionadas con la falta de tiempo, entre ellas la salida de una revista que ideé y que en 2013 vio la luz; se llama Nuez Moscada y tiene su versión impresa y también online. ¿Por qué? Por una necesidad personal, algo que rondaba en mi cabeza desde hacía tiempo y que con voluntad se pudo concretar. Muchos se preguntarán, en estos tiempos de conectividad 2.0, cómo hacer una revista en papel, con los costos y dificultades que conlleva… Bueno, justamente por eso: para mí, una revista es en papel, el resto son webs o e-revistas. Y no quería algo online solamente (la revista está colgada en PDF tal cual sale en papel), sino sentir eso de palpar y oler el papel, algo tan cercano a mi infancia y juventud, cuando aún no teníamos la posibilidad de ver y tener (casi) todo al alcance por Internet. Lógicamente, es un producto hecho por deseo y no por rentabilidad, aunque es lógico que sería interesante que en el futuro tenga algún rédito. Por el momento van tres números, sale uno por estación y la idea es brindar un contenido interesante sin la urgencia de publicar por obligación.

Justamente, estamos en un momento donde los medios online están ganando en rentabilidad frente a la caída publicitaria de lo impreso. Como ejemplo, el New York Times empieza a tener rendimiento tangible el sistema de pagos para acceder a las notas digitales, y empieza a decaer el tradicional negocio de la publicidad como principal motor de la economía de la industria periodística. Y lo que mortifica a más de uno es saber cómo se va a financiar un medio en el futuro, con este ecosistema tan cambiante. Una buena respuesta la dio Roberto Guareschi, ex jefe del diario argentino Clarín: dijo que los anuncios están dejando de ser el ingreso que sostiene al periodismo en los medios masivos tradicionales y que los grandes medios serán subsidiados de distinta manera: “Los que estén en grandes grupos (como Clarín) serán sostenidos por las ganancias del grupo en otros negocios, por ejemplo. Otros serán subsidiados por grupos filantrópicos, grupos religiosos, universidades, partidos políticos. Y otros, espero, serán sostenidos por los lectores. Ese periodismo es el que más me interesa”.

¿Pero qué pasa con los meidos que no son grandes, y que están por nacer de la mano de algún emprendedor? Es interesante remitirse a lo expuesto por Bárbara Yuste (@byuste), autora del reciente libro ‘Emprender En Periodismo’, junto a Marga Cabrera. Sobre cómo se financiaría un medio indedendiente, señala que “no hay una vía de financiación única sino que lo ideal es una suma de varias fuentes de financiación, la publicidad es una, la aportación del socio, que incluye su participación, es otra y el crowdfunding es otra;  sobrevirirá el que sea más flexible y no se limite a una sola vía de financiación”.

Un par de conclusiones: no existe una vía única de financiación, aunque los anuncios publicitarios siguen teniendo el mayor peso y lo seguirán teniendo por un tiempo. El aporte económico desinteresado del lector (crowdfunding) aún no está desarollado en algunas sociedades pero en el futuro puede ganar mayor preponderancia. Y algo muy importante que se está dando cada vez más: la creación de medios periodísticos por parte de grandes empresas, tema que se desarrollará en el próximo post.

El fin del periodismo

periodismo-futuroEl periodismo, tal como lo conocíamos, se terminó. El gráfico, el escrito. Aquel de las
redacciones discutidas, habladas, ruidosas. Aquel donde el periodista era además un escritor.  O un poeta. O un historiador. O simplemente una persona leída, culta, informada, bohemia. Donde el dueño del medio no era una empresa que tenía fines puramente económicos, de rentabilidad al 100%. Existía una cuestión más vocacional, ideológica, ¿romántica? Un periodismo donde se pagaba, ni mucho ni poco, lo justo. Como en cualquier trabajo. Donde las colaboraciones también se pagaban y un corresponsal podía vivir de las notas que enviaba. Donde se escribía a cuatro manos -si es que se encontraba alguna máquina de escribir desocupada, sino había que esperar turno- y en los ratos libres se discutía de política, periodismo, ideales, arte. “Crecí con la idea de que información es aquello que impacta, sensibiliza, importa, mejora o empeora la vida de un número significativo de personas -escribe el periodista argentino Carlos Ulanovsky en su brillante autobiografía llamada ‘Redacciones’-. Sigo creyendo en esa definición, pero debo admitir que buena parte de la campaña que permitió a Barack Obama llegar a la presidencia de los EEUU no se hizo a través de una campaña ortodoxa sino de Twitter. Desde las nuevas redes sociales, cualquiera, sea periodista o no, puede comunicar algo que ve o sucede a su alrededor. Me pregunto cuánto tiempo pasará hasta que un diario o programa de radio o TV se hagan íntegramente con esas fuentas tan particulares“.

Ese periodismo, al fin el periodismo que conocemos como tal, no existe más. Se terminó. Y llegó otro periodismo, que de aquel tiene muy poco. Un periodismo que se divide en dos: por un lado, el del trabajo, peor pago y con todos los vicios de la política liberal-capitalista: se cumple un horario, se rinde, se ficha y hasta mañana. Una especie de call center de redactores, cada uno con su computadora y escritorio y el telefono en la oreja, ya que la mayoría de las notas se hacen por teléfono, reemplazando el viejo axioma del periodismo que alguna vez pergeñó Jacobo Timmerman, el de ‘andá, mirá y contá‘. Por otro lado, el del negocio: la mencionada rentabilidad.  La pérdida de lectores ávidos de análisis, historias e información, por aquellos que ahora surfean a tiempo récord en la web y el teléfono móvil los títulos de los principales acontecimientos del día. Ya no hay tiempo para detenerse a leer. Ahora sólo se trabaja y el tiempo no empleado en el trabajo se dedica al entretenimiento y el ocio. ¿Pero cómo, leer no es un entretenimiento? Parece que ya no.

Los tiempos cambiaron, frase trillada que se escucha desde que los seres humanos habitan el planeta. Y la excelencia, en el periodismo, hoy escasea. ¿Qué hacen los medios? Están desesperados por contratar -o hacer trabajar gratis- a varios pasantes, para que traduzcan o refriten noticas de cables o periódicos del exterior. Llenar espacios. ¿Investigación? ‘No, es muy caro’. Algún domingo, tal vez, queda algún resquicio. En el plano tecnológico, se desviven por buscar la rentabilidad en el online, y no saben cómo: las empresas apuestan poco al online (‘si ya tengo mi sitio de Facebook, ¿para qué voy a poner dinero en un banner?’). Y se rompen la cabeza por encontrar la forma de colar las noticias en el teléfono móvil y de armar una killer app para que se visualice un portal correctamente en una pantalla de 4 x 3 cm. ¿Eso es periodismo? Sí, el nuevo periodismo, aunque si escuchan esta denominación Hearst o Pullitzer piden ya regalías por derecho de autor y malversación de calificativo. Otro prócer del periodismo argentino, Rogelio García Lupo, afirma que el periodismo de hoy está “peligrosamente mal escrito; creo que los mensajes de texto están convirtiendo a los aspirantes a periodismo en analfabetos“.

Jeff Harvis, uno de los líderes mundiales más influyentes en los medios de comunicación, comenta que el periodismo no debería entenderse como un negocio de contenidos, sino como un servicio. Y que se debería medir no por el número de páginas vistas, sino de cómo se informa a las personas. Para él, el contenido patrocinado o esponsorizado confunde a la audiencia y devalúa la marca: si entregamos nuestra marca a los demás perdemos nuestro valor. Como consejo, Harviss dice que las universidades y escuelas de periodismo deberían impartir más clases de Periodismo Emprendedor. “Los estudiantes inventarán el futuro del Periodismo. Mientras tanto, sólo podemos entrenarlos para pensar como emprendedores“.

¿Qué hacer? ¿’Adaptarse’ a los tiempos o volver atrás? Una buena idea sería seguir las corrientes de la moda: hoy lo que se usa es un reciclado de la ropa de hace 30 y 40 años. ¿Y si volvemos a las fuentes, a hacer periodismo -impreso o digital, o ambas cosas- siguiendo aquellas corrientes que marcaron un estilo? ¿Habrá lectores interesados? ¿Pasarán las cosas por el tamiz del verbo ‘aburrido’, verdadero lastre de este siglo, donde lo aburrido -aquello que no sea entretenimiento- es casi una mala palabra? Me quedo con el ejemplo de Harvis. El periodismo del futuro ya se inventará. Y el actual está en plena crisis y transformación. Pero volver a las raíces nunca está de más: en muchas ocasiones sirve como puntapié para la creación de un nuevo modelo. Lo que habrá que analizar es si estamos discutiendo soportes, hábitos o simplemente calidad.

Periodismo Digital 2013: cambios, evolución y futuro

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Acaban de conocerce las conclusiones sobre el Estudio sobre Periodismo Digital de Oriella 2013, que en esta 6ª edición se realizó entre abril y mayo de 2013 mediante una encuesta online a 545 periodistas de 12 países del ámbito audiovisual, nacional, estilo de vida, regional, prensa especializada y blogs de Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, Italia, Nueva Zelanda, Rusia, España, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos. A grandes rasgos, este estudio sobre Periodismo Digital 2013 señala que el 30% de los medios da prioridad a la edición digital, el 40% ofrece apps móviles y el 51% busca noticias en redes sociales de microblogging como Twitter.

En cuanto a la publicidad, únicamente un 20% de los medios de comunicación obtiene más ingresos en el canal online que en el canal tradicional, ya que los medios tradicionales continúan teniendo más prestigio que los medios digitales, a pesar de que los medios online registran más audiencia que los convencionales. Los periodistas utilizan los medios sociales para encontrar noticias, pero siguen dando más importancia a las fuentes de confianza y a sus contactos. El 51% de los periodistas reconoce que busca nuevas historias en microblogs como Twitter, pero solo cuando ya conoce a la fuente que está detrás de ellas. Cuando no conoce a dicha fuente, el uso cae a la mitad. Y el 59% de los encuestados asegura que halla nuevas noticias en conversaciones con expertos de su sector.

Según Deborah Gray, directora de Canela PR, que realizó el informe junto a Oriella, “en un extremo, las noticias breves tipo ‘tuit’ ofrecerán una cobertura casi en tiempo real de los acontecimientos en formato impreso y en video, optimizada para pantallas pequeñas. En el otro, encontraremos piezas de periodismo de investigación más extensas. El periodismo llamado ‘breve pero más rápido’ también puede dar más visibilidad a los medios (y por lo tanto un mayor tráfico) en los resultados de búsqueda, lectores de noticias y agregadores sociales como Flipboard y Pulse News“.

Sobre los ingresos, como ya lo había explicado en esta entrevista, faltan unos cuantos años para el fin del diario tradicional, ya que la rentabilidad del diario en papel hoy es mucho mayor que la que puede tener un medio digital. Las empresas auspiciantes, que son en realidad quienes mantienen económicamente el periódico, quieren ver reflejada su marca en la página completa pagando altísimas cifras, cuando en los portales digitales no invierten demasiado, al menos en Latinoamérica.

Para el profesional, recordemos lo que dijo Arianna Huffington: hoy los periodistas deben ser anfibios. El periodista actual debe ser ‘multi’, debe saber ‘andar en tierra y nadar en el mar’. Lo que se dice, una mezcla entre el gran contador de historias y el modelo de narrador participativo de la web. “Necesitamos ese tipo de periodistas anfibios para el futuro, porque queremos que abracen por un lado las grandes tradiciones del periodismo clásico, en cuanto a precisión, comprobación, ecuanimidad, búsqueda de la verdad o impacto informativo, y al mismo tiempo nos sentimos muy cómodos con las nuevas reglas del camino, el tiempo real, la tecnología que nos permite interactuar o la participación de los lectores. Y no todo el mundo está preparado para ambas facetas“.

¿El futuro? improbable. Ya se mencionó en Onlain: se puede hacer periodismo en cualquier plataforma (blogs; diarios; radios; redes sociales; revistas; sitios; a viva voz en una plaza o como a uno le  ocurra). La recomendación para los jóvenes y futuros periodistas es que no esperen la oportunidad de ser llamados por un medio. Por ejemplo, hoy se puede fundar un medio con WordPress, produciendo contenidos, difundirlos e interactuando con la audiencia. Reinventarse, emprender y tener una idea clara son sólo algunas de las formas que existen para ganarle la pulseada a la tiranía del mercado.

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